Economía Circular en las Ciudades Inteligentes

Ago 14, 2020 | Opinión

Por Fabián Alejandro Garófalo, tutor de la Diplomatura en Smart Cities y Diplomatura en Seguridad Ciudadana de la Universidad Blas Pascal.

El modelo tradicional de desarrollo requiere una abundancia de recursos y una disponibilidad a precios reducidos poco realista en un mundo de recursos escasos y limitados. La Economía Circular surge como una alternativa factible para posibilitar un crecimiento económico desligado del consumo de recursos. Las ciudades, en un marco global de crecimiento de la población urbana, están cada vez más condicionadas por esta escasez de recursos a la vez que sufren los efectos de una generación cada vez mayor de residuos y desechos. En esta comunicación se recoge la visión pragmática de la oportunidad que supone la Economía Circular para la economía, las empresas y las Administraciones y gestores municipales fomentar un desarrollo sostenible e innovador.

Introducción

El modelo de desarrollo y crecimiento económico tradicional, basado en la abundancia de recursos baratos y la generación de gran cantidad de residuos, está llegando a su límite.

Este límite está determinado por el carácter finito de los recursos no renovables, que conduce a su escasez a medida que la demanda global aumenta, la presión creciente sobre recursos renovables como el agua, que excede la capacidad de renovación natural de estos recursos, y la superación de la capacidad del planeta para asimilar los residuos y emisiones antrópicas, produciendo modificaciones locales y globales del medio ambiente como el calentamiento global o la contaminación atmosférica.

Frente a un modelo de economía lineal (extraer-fabricar-consumir-desechar) la economía circular surge como un modelo alternativo que permite desligar el crecimiento económico de la disponibilidad de recursos a la vez que reduce los residuos generados aumentando la productividad de los recursos.

Las ciudades, como polos de atracción y concentración de población activa económicamente, están llamadas a asumir un papel destacado en la promoción y desarrollo de la economía circular si quieren asegurar un entorno que permita mantener la calidad ambiental a la vez que se posibilita el crecimiento y desarrollo económico y social.

En este sentido las ciudades inteligentes, marcadas por el impulso de la innovación, el desarrollo tecnológico inteligente y formas de gestión avanzadas, son un ecosistema idóneo para el desarrollo de la Economía Circular. Tecnologías como la movilidad, la Big Data, los entornos sociales colaborativos o sistemas inteligentes de recolección de residuos son los que posibilitan los nuevos modelos de negocio asociados a la Economía Circular y los ecosistemas de innovación los que generan las ideas.

Debemos liderar un enfoque pragmático para ayudar a organismos públicos y empresas a materializar el potencial de la Economía Circular. Este enfoque se construye sobre el conocimiento, las investigaciones y los aportes que puedan ser realizadas por numerosas organizaciones en el campo de la economía circular en los campos de la sostenibilidad, la Economía Circular, la tecnología o los sistemas logísticos, trabajando con empresas globales y nacionales y organismos públicos que van desde la Organización de Naciones Unidas hasta entes locales, pasando por gobiernos nacionales y regionales de todo el mundo.

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El reto de la escasez

John Maynard Keynes (economista británico, considerado como uno de los más influyentes del siglo XX), en 1930, vaticinaba, en el contexto casi mundial sumido en lo más profundo de la Gran Depresión que, en apenas 100 años, el problema económico de la Humanidad, esto es, su lucha contra la escasez, sería solucionado.

Ello sería posible, de acuerdo con un optimista Keynes, si se cumplían cuatro condiciones: el control efectivo de la población, la ausencia de guerras y conflictos civiles, la plena confianza en la ciencia y una sana acumulación de capital, condición esta última que, en realidad, consideraba un resultado de las tres anteriores.

De ser así, afirmaba el economista británico, la Humanidad, liberada de la presión de las preocupaciones económicas, se vería inmediatamente acuciada por un nuevo problema de mayor envergadura moral, a saber, la necesidad de aprender a cultivar el arte de la vida misma y de ser capaces de disfrutar de ella de manera sabia, placentera y buena.

A unos 10 años del plazo concedido por Keynes para el fin de nuestra histórica miseria, es imposible no atisbar un cierto paralelismo: la economía mundial, apenas emergida de la crisis que se desencadenó en 2008 tras el estallido de la burbuja financiera en los Estados Unidos, contempla con inquietud una recuperación que no acaba de fraguar en un contexto de fragilidad de los mercados emergentes.

Igual que entonces, los retos actuales no parecen menores, pero tampoco los son el potencial y la capacidad de los seres humanos de levantar a millones de seres humanos de la pobreza y de reducir el número de vidas cobradas por las guerras y la violencia a mínimos históricos.

Las empresas deben adaptarse al nuevo contexto competitivo, de innovar en el diseño de sus productos y servicios y de mejorar la eficiencia de sus operaciones mediante la profesionalización de su gestión y la inversión en tecnología.

El mantenimiento de esa dinámica de mejora continuada en la gestión empresarial, constituiría, por tanto, una condición indispensable para la expansión futura de la prosperidad en el mundo.

¿Qué delimita el contexto en el que se desenvolverá la economía mundial en los próximos años y qué estrategias empresariales podrían contribuir al aprovechamiento de las oportunidades que sin duda se presentarán?

  • En primer lugar, la profundización del proceso de globalización reforzará la creciente dinámica de competición por el acceso a los recursos; es previsible que, al menos en las próximas décadas, el precio de los recursos se vea incrementado, si cabe de forma moderada, produciéndose, y esto trasciende la mera plausibilidad, fluctuaciones periódicas más o menos acusadas.
  • En segundo lugar, la creciente digitalización de la economía transformará el mapa competitivo, desencadenando la aparición de competidores procedentes de sectores inesperados y cuestionando modelos de negocio considerados, hasta ahora, inamovibles.
  • Por último, aunque no menos importante, la trasformación del mercado de trabajo, manifestada, por ejemplo, en la aparición de profesionales independientes, poseedores de competencias emergentes y muy demandadas y con capacidad y voluntad de trabajar en cualquier lugar del mundo, alterará definitivamente nuestra concepción de lo que es una carrera profesional e introducirá nuevas exigencias en lo que al desarrollo y captación de talento respecta.

La aproximación circular

En ese marco, el desarrollo de una nueva concepción de la actividad económica de carácter circular, que considere la creación de riqueza como un proceso sostenible en el que los recursos empleados en la fabricación de los productos están sujetos a un ciclo continuado de utilización y reutilización sin pérdida de propiedades y en el que la propiedad deviene, en determinados casos, en acceso, presenta claras ventajas.

Para las empresas, la economía circular podría suponer un nuevo impulso a su competitividad y un acercamiento a los nuevos hábitos y expectativas de los consumidores.

Hacerlo posible supone reflexionar y actuar sobre tres aspectos fundamentales constitutivos de la mirada circular en la empresa:

  • Primeramente, supone analizar las prácticas y criterios de diseño de los productos y servicios a la vista del intenso desarrollo reciente del ecodiseño y del diseño centrado en las personas con el fin de mejorar la eficiencia en el uso de los recursos, evitar la sobreespecificación y acercar las prestaciones de los productos y servicios a las necesidades reales de los consumidores y su capacidad de utilizarlos de forma satisfactoria.
  • Del mismo modo, implica pensar y evaluar el impacto de la digitalización sobre el sector de actividad particular de cada empresa, considerando los riesgos y oportunidades de disrupción existentes, es decir, la posibilidad de sufrir o ser capaz de desencadenar un cambio sustancial en los patrones sectoriales similares a los experimentados por sectores tales como el discográfico, el fotográfico o el de la prensa escrita. Para ello, es de suma importancia entender la capacidad de las empresas de hacer un uso inteligente de la información obtenida en su actividad, de analizarla y explotarla con el fin de desarrollar nuevos servicios que personalicen y enriquezcan la experiencia de sus clientes.
  • Por último, la aparición en el espacio empresarial de nuevos modelos asociados a la economía compartida, introduce una perspectiva novedosa en la apertura de nuevos modelos de negocio fundamentados no tanto en la propiedad, sino más bien en el acceso.
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El papel de los Estados

Aunque las empresas son clave para impulsar una economía circular, el papel de los gobiernos no lo es menos al crear las condiciones para el cambio en los mercados y el modelo productivo. Según un estudio del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, el 83% de los ejecutivos de empresas creen que los gobiernos deben incrementar sus esfuerzos para crear un entorno que favorezca la sostenibilidad, y consideran que la intervención de los gobiernos es necesaria para conseguir un impacto colectivo y transformador.

Algunos Estados ya han dado pasos en esa dirección. En Europa, la Comisión Europea está trabajando sobre un paquete de economía circular, que tiene como objetivo fomentar la competitividad y la innovación, abordando todas las fases de la cadena de valor. Varios países europeos cuentan ya también con sus propias estrategias de economía circular orientadas a transformar sectores claves de actividad y diversas ciudades, como Ámsterdam o Londres, han emprendido ambiciosos planes para el desarrollo de la Economía Circular en sus ciudades. Las experiencias establecidas desde el nivel local se están configurando de hecho como claves a la hora de aportar ejemplos reales y prácticos de desarrollo de la economía circular y están demostrado una gran capacidad de generación de sinergias con los ecosistemas urbanos de innovación, el desarrollo de estrategias de ciudad diferenciadoras o la implementación de planes de mejora del medio ambiente.

El Estado tiene un papel básico para crear un marco institucional que garantice la estabilidad de las inversiones a largo plazo y genere incentivos a los modelos circulares más eficientes. Este marco requiere, entre otras medidas, concretar una estrategia pública, un sistema jurídico estable y adaptado a la economía circular y un cambio en la carga fiscal que grave los recursos consumidos y los residuos generados.

Los Municipios, desde el ámbito local, pueden asumir un rol catalizador activo de la economía circular creando un ecosistema de empresas de la economía circular a través de una inversión pública inteligente que traslade los principios de la economía circular al contexto local y posibilite economías de escala y superar carencias de conocimiento, o constituyéndose como ejemplo al incorporar los principios de la economía circular para la mejora de su propia operativa interna. Los Municipios, a través del gasto público, está llamados a jugar un papel clave para promocionar y apoyar la economía circular incorporando criterios circulares en la adjudicación de licitaciones públicas o desarrollando experiencias de Compra Pública Innovadora circulares a la vez que consigue una menor dependencia de los recursos.

Resultados

De acuerdo con las estimaciones, la combinación del diseño para la eficiencia, la digitalización y el impulso de los nuevos modelos de negocio asociados a la economía compartida podrían aportar a la economía mundial algo más de cuatro billones y medio de dólares hasta 2030.

¿Nos conducirá la economía circular a ese momento imaginado por Keynes en la que nuestra principal preocupación no sería otra que aprender de nuevo a disfrutar del placer de lo que nos gusta, al acabar nuestra jornada de trabajo?

Probablemente no, pero, sin duda, contribuirá a la generación de una mayor riqueza, que será acaso cualitativamente mejor; quizá contribuirá también a estrechar nuestro compromiso con un mundo dotado de recursos finitos, que, dentro de muy poco, estará habitado por nueve mil millones de personas.

Metodología

Aunque intuitivamente muchos de los beneficios de la economía circular son claros, no siempre es fácil para las empresas y organismos públicos identificar la forma de concretar este potencial ya que en muchos casos supone cambiar esquemas mentales y formas de actuar fuertemente arraigadas.

En función de los resultados del estudio del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, se han identificado cinco modelos de negocio diferenciados en base al análisis las empresas que están logrando un aumento real de la productividad de los recursos de forma innovadora. Estos cinco modelos proporcionan un marco práctico para la identificación de oportunidades.

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Estos cinco modelos son:

  • Cadena de suministros circular: Evitando el uso de recursos escasos, limitados o contaminantes que son sustituidos por alternativas renovables y sostenibles como las energías renovables, compuestos biodegradables y materiales totalmente reciclables.
  • Recuperación y reciclaje: A través de sistemas de producción y consumo en los que lo que antes se consideraba residuo o desecho se recupera para otros usos, utilizando los productos una vez acabada su vida útil para recuperar los recursos y/o energía valiosos que atesoran.
  • Extensión de la vida útil: Muchos de los productos descartados o desechados por los consumidores aún conservan un gran valor que puede ser recuperado a través de la reparación, el reprocesado, la actualización y la reventa.
  • Productos como servicio: En los que el fabricante conserva la propiedad del producto y asume sus costes asociados de mantenimiento y conservación, de forma que garantiza al usuario la disponibilidad y nivel de servicio del producto.
  • Economía compartida: Aunque existe desde mucho tiempo atrás, las nuevas tecnologías han posibilitado un desarrollo sin precedentes en cuanto a escala y modelo de la economía compartida revolucionando la forma en la que consumidores y empresas pueden alquilar, intercambiar o prestar sus productos «ociosos», en un en el que más del 80% de los productos que existen en el hogar se usan menos de una vez al mes.

Si a la implementación de los modelos le agregamos soluciones basadas en tecnología Blockchain será posible implementar sistemas de auditoría inteligente a partir de los registros generados por todos los involucrados en la cadena de suministro inversa. Por tanto, la tecnología de cadena de bloques permitirá evidenciar que tanto empresas y Municipios cumplen sus compromisos medioambientales en cuanto a la gestión del medio ambiente, generando así un sistema de control mediambiental además de reputacional de los participantes.

Los Municipios deben generar iniciativas de fomento del emprendimiento y los ecosistemas en torno a la economía circular a través de estrategias de ciudad e iniciativas de incubación de empresas adaptada a la realidad urbana y la cuantificación del potencial de la economía circular para identificar propuestas concretas, apoyadas sobre un modelo de negocio viable. Solo una vez comprobada la viabilidad real se puede pasar a definir los instrumentos y vehículos necesarios en su papel de sponsors y facilitadores de la economía circular.

Podés leer más en el documento “La ventaja circular, Tecnologías y modelos de negocio innovadores para generar valor sin límites de crecimiento”, de Accenture 

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